“Sí, Quiero” es solo el principio.

Tu pareja te sorprende con la petición de matrimonio haciendo entrega del anillo de compromiso y surgen las palabras que tantas veces hemos escuchado en películas: “Sí, quiero”. Posiblemente no seáis conscientes, pero en ese momento en el que decidís dar el gran paso juntos también os adentráis en el difícil reto de la organización de la boda.

Todo empieza con hacer la lista de invitados: La familia más cercana, los amigos de la infancia, los de la adolescencia, los actuales, compañeros de trabajo, etc. Normalmente, esa lista inicial suele sufrir algunos cambios para reducir el número de invitados. Piensa que tenéis que buscar una buena localización, adecuada a vuestros gustos, esto no será una tarea sencilla. Después vendrá el vestido de la novia y el traje del novio, el catering, o restaurante, fotógrafos, regalos, invitaciones, etc.

Hay que decir que en la mayoría de los casos, es la novia la que se encarga de administrar todo este trabajo, con la ayuda del novio a quien probablemente lleve arrastrando y resignado de un lado para otro. Pero lo que debería ser un trabajo conjunto y divertido, se convierte en una pesadilla para ambos. Al organizar una boda, hay que tener en cuenta muchos elementos y el mayor problema está en que tienes que desplazarte de un lado para otro por toda la ciudad, como si de una gimcana se tratase.

Para tratar de paliar todos estos problemas, surgió la figura del Wedding Planner (Organizador de Bodas), el cual es una pieza fundamental, antes y durante de la celebración. El trabajo de un Wedding Planner, no solo se limita a buscarte el fotógrafo, catering y demás elementos, sino que también está al día de las tendencias y novedades, para poderte ofrecer un buen asesoramiento, además busca y trabaja con los mejores colaboradores, para que el servicio prestado sea eficiente y se ajuste a tu presupuesto, planificando y dirigiendo a los diferentes profesionales que intervienen en tu boda.